¡La gran experiencia de los rutas en Taizé!

 

Aunque ya han pasado unos meses, la experiencia vivida este verano por los rutas no podía dejar de tener un hueco en la página web. Ésta es la crónica que ellos escribieron contando su experiencia y con la que intentan explicar con palabras, eso que suele ser complicado de entender por completo, si no lo has experimentado.

 La Semana Scout 2012 en Taizé ha sido una experiencia inolvidable para el Clan Trifoglio. Para llegar hasta Taizé, tuvimos que coger un vuelo desde Madrid hasta Ginebra donde pasaríamos seis horas hasta que cogimos un tren destino Lyon. Una vez allí, y tras esperar un rato, cogimos de nuevo otro tren que nos llevaría hasta la aldea de Taizé. Llegamos sobre las siete de la tarde y vimos como la gente de la comunidad estaba ya cenando, para dirigirse después a la oración de la noche.
 
Fuimos a la zona de acogida donde nos indicaron donde estaban las carpas donde dormiríamos durante la semana. El equipo de acogida para la Semana, estaba formado por cinco Scouts de diferentes países: Alemania, Hungría, Italia… Tras instalarnos en una de las carpas, fuimos a cenar y en ese momento empezamos a conocer hermanos scouts de diferentes países, con los que a medida que pasaba la semana, entablamos una gran amistad.

Los días en Taizé son muy dinámicos. A las ocho de la mañana tocaban las campanas que estaban en la entrada de la comunidad para indicarnos que tras media hora, comenzaría la oración. Nos impactó el hecho de que todo el mundo dejaba lo que estaba haciendo cada vez que tocaban las campanas para dirigirse a la Iglesia de la Reconciliación.

En esa iglesia, en la que cabíamos más de las 4000 personas que estábamos en la Comunidad esos días, 120 de ellas formando parte de la Semana Scout, se realizaban las tres oraciones diarias; a las ocho y media de la mañana, a la una y media y a las ocho y media de la noche. Las oraciones eran bastante sencillas pues estaban compuestas por varios cantos en diferentes idiomas que daban paso a la lectura del Evangelio y, tras un momento de silencio (otro de los momentos más impresionantes fue ese, ver como las 4000 personas guardábamos un silencio sepulcral); con otros cantos se terminaba la oración.
Después de la oración, todos nos dirigíamos a desayunar, una invitación de los hermanos de la comunidad. Después, en pequeños grupos, hacíamos una introducción bíblica con un hermano de la comunidad y pequeñas reflexiones en grupos sobre temas de la fé, Cristo, y diferentes valores. Todos los que estábamos en la Semana Scout, íbamos al mismo grupo, por lo cual, aprovechamos esos momentos para reflexionar sobre la ley y la promesa. Cuando acabábamos, nos dirigíamos a la oración del mediodía y después a comer.

Después de un tiempo libre, comenzaba el programa scout compuesto por diversas actividades como talleres, juegos típicos de cada país, y una marcha en la que conocimos la gastronomía y costumbres típicas de cada país. De nuevo volvíamos a la Comunidad para cenar y dirigirnos a la oración de la noche, tras la cual, llegaba uno de los momentos más divertidos del día: El Oyak, una zona reservada en la que podíamos cantar y bailar, además de tomarnos un helado o refresco a muy buen precio, hasta las once y media, momento en el que el silencio reinaba en Taizé. Y así era el día a día de la semana.

Una tarde, tuvimos la oportunidad de charlar con el prior de la comunidad, el Hermano Alois, sobre temas como la crisis mundial, la drogadicción, la pobreza, el hambre… y cómo los scouts luchamos para conseguir erradicarlos poco a poco. Pudimos charlar también con unos hermanos de Taizé, que nos animaron a que, en un futuro próximo, volviésemos a Taizé como voluntarios, ya que allí todas las personas que realizan las labores de cocina, limpieza, seguridad, y control, están desempeñadas por voluntarios.

La última noche tuvo un simbolismo especial, pues todos los scouts, nos despedimos cantando la canción del Adiós Scout, en todos los idiomas de la gente que allí estábamos. Tras ello, llegó el momento de intercambiarnos direcciones de correo, Facebook, Tuenti… Y hoy, dos meses después, seguimos manteniendo esa comunicación.
A modo de conclusión, tenemos que decir, que ha sido una experiencia increíble, que nos ha cambiado como personas y que ha reforzado nuestra fe. Recomendamos sin dudar a todo el mundo que vaya a pasar una semana porque es uno de los mejores lugares para, no solo conocerse a sí mismo, sino también para conocer a muchas personas que también han experimentado ese sentimiento, con las que forjar una amistad que esperamos perdure en el tiempo.